Cerrar la brecha entre la producción de hidrógeno a baja presión y el almacenamiento a alta presión crea un enorme desafío de ingeniería. Los electrolizadores modernos suelen generar gas a entre 20 y 30 bar. Sin embargo, las redes de distribución y las estaciones de servicio de vehículos exigen presiones que oscilan entre 350 y más de 1.000 bar.
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